CUANDO EL DESTINO CAMBIA DE RUTA Y LA FE TRANSFORMA LA HISTORIA

Nuestro deportista sufrió un grave accidente de tránsito en 2014 que cambió su vida para siempre. Sin embargo, con el apoyo incondicional de su familia, la ciencia médica y la mano tendida, JOSÉ ALBERTO FILIPPA transformó el dolor en superación para convertirse en un referente del pádel adaptado nacional.
Hay momentos en la vida donde el camino trazado se interrumpe de golpe y el destino te obliga a recalcular. Para José Alberto Filippa, ese punto de quiebre ocurrió en Marzo de 2014. Aquel día, este trabajador y deportista de alma iba en busca de la documentación de su moto nueva cuando una camioneta se le cruzó en plena avenida. Para evitar el choque frontal, frenó bruscamente, fue despedido por el aire y al caer contra el asfalto sufrió la fractura de su octava vértebra dorsal. La noticia fue devastadora, pero el final de esa historia estaba muy lejos de escribirse.

Frente a un horizonte que parecía apagarse, este vecino de Spegazzini tomó el guante. Con la fuerza de quien no se da por vencido, afrontó los primeros y duros meses aferrado a un corset, impulsado por la asistencia inestimable de la Dra. María Gabriela Best y, por sobre todas las cosas, sostenido por el amor inquebrantable de su familia: su papá José —un deportista de pura cepa que a sus 64 años seguía rompiendo redes en las canchas zonales— y su mamá Norma Escalante. Atrás quedaban los recuerdos de sus días de trabajo en BGH y en la distribuidora Metropolitana en Mataderos; por delante, nacía un nuevo desafío.
José entendió que su refugio y su motor de resurgimiento sería el deporte. Primero probó con el remo en las aguas del Tigre, luego se volcó durante dos años al básquet adaptado, hasta que descubrió la disciplina que le devolvería la adrenalina y la sonrisa plena: el pádel adaptado.
Sin embargo, el deporte de alto rendimiento sobre ruedas exige herramientas complejas: sillas deportivas ultraligeras, con anclajes de seguridad y caídas especiales para soportar la exigencia física y la velocidad de los giros. Durante mucho tiempo, José compitió con equipamiento prestado, poniendo el corazón donde faltaban los recursos. Hasta que una recomendación certera le abrió una puerta definitiva: «Llamá a Hugo y Pablo Moyano, ellos te van a ayudar». Y el instinto no falló. Tiempo después, la llamada tan esperada se hizo realidad en la voz de Hugo Moyano: «Compañero, la silla Quickie estará a disposición suya».
Aquel gesto representó mucho más que un elemento deportivo; fue el empujón para que este jugador zurdo comenzara a escribir una página dorada en su carrera. José conquistó campeonatos en Chaco, escaló posiciones a nivel nacional y demostró que los límites solo existen para ser superados. En medio de esa reconstrucción personal, la vida también le regaló el amor multiplicado con la llegada de su familia, donde brilla con luz propia Lara y Victoria, sumándose a sus grandes amores como papá.
En las últimas horas, la historia sumó un nuevo capítulo de reconocimiento y emoción. PABLO MOYANO lo recibió en una reunión donde la gratitud y la admiración mutua fueron las protagonistas:
»Tu historia merece ser contada, por tu esfuerzo, por tus ganas de salir adelante… Nosotros te vamos a apoyar, te seguiremos acompañando en tu campaña, ya que sos un ejemplo motivacional para todos los jóvenes», le expresó el Presidente.
Este apoyo renueva una premisa que se replica a diario en la labor social e institucional de Camioneros, presente en los momentos difíciles, en la defensa de los trabajadores y en el acompañamiento a quienes no se rinden.
Hoy, José Alberto Filippa mira hacia atrás y sabe que aunque la vida le cambió el carril, jamás le quitó las ganas de acelerar. Este encuentro no es más que el prólogo de un nuevo viaje para un luchador inquebrantable que enseñó que, cuando el destino te cambia la ruta, la única opción válida es seguir adelante.
